Niños atrapados entre la iniquidad y la pobreza

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Por María Julia Mayoral

La Habana (PL) – Países industrializados resultan incapaces de aminorar la desigualdad entre sus infantes, mientras el estado de calamidad tampoco sede terreno en naciones empobrecidas, advierten recientes investigaciones de organismos internacionales. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) alertó que en estados con renta alta aumentaron las desventajas entre los menores pertenecientes al 10 por ciento más pobre y los de clase media.

En buena parte de los países industrializados crecieron las diferencias en cuanto a ingreso, educación, salud y satisfacción personal durante el período de 2008 a 2013, expuso el examen, presentado el 14 de abril de este año.

“Las desigualdades se superponen y potencian mutuamente”, consideró la Unicef, al observar las desventajas sociales y económicas en estados miembros de la Unión Europea y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.

Según Unicef, la disparidad en materia de salud creció en la mayoría de los estados ricos, aunque se redujo en cuanto a la actividad física y la dieta poco saludable.

En 19 de los 41 países analizados, más del 10 por ciento de los niños vive en hogares con ingresos inferiores a la media, reveló el análisis.

Dinamarca presentó los mejores indicadores en las áreas evaluadas e Israel ocupó el último lugar; en tanto, Estados Unidos y Japón fueron incluidos entre los de mayor desigualdad por ingresos, concluyó la pesquisa.

Al suscribir en 2015 los Objetivos de Desarrollo Sostenible, los gobiernos se comprometieron a garantizar que todos los niños y niñas tendrán en 2030 una educación inclusiva, equitativa y de calidad, y aprendizaje a lo largo de sus vidas; sin embargo, la realidad dista de las metas. De acuerdo con Naciones Unidas, a escala internacional hay 124 millones de menores y jóvenes sin escolarizar, de los cuales 52,9 millones viven en África subsahariana y 50,9 millones en Asia y Pacífico.

Dentro de América Latina y el Caribe la cifra asciende a 6,6 millones, unos 8,7 millones residen en los estados árabes y cinco millones en el resto del orbe.

En marzo de 2016, en ocasión del Día Mundial del Agua, Unicef insistió en que millones de chicos también corren crecientes riesgos al habitar en zonas propensas a eventos climáticos extremos.

Datos de la institución señalan que casi 160 millones de infantes, menores de cinco años de edad, viven en demarcaciones con alto riesgo de sequía y aproximadamente 500 millones permanecen en áreas de inundaciones.

Al abordar el tema, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señaló que debido a la malnutrición hoy en día alrededor de 159 millones de niños menores de cinco años tienen retraso del crecimiento.

Mientras cerca de 50 millones, en la misma franja de edad, padecen de emaciación: tienen un peso bajo para su altura, agregó el pronunciamiento.

La nutrición es esencial para cumplir en su totalidad la Agenda 2030 suscrita por la comunidad internacional con vistas al desarrollo sostenible, recordó el director general de la FAO, José Graziano da Silva.

“Los niños no pueden aprovechar plenamente los beneficios de la escolarización si no obtienen los nutrientes que necesitan, y las economías emergentes no van a alcanzar su pleno potencial si sus trabajadores están cansados de forma crónica porque sus dietas no son equilibradas”, comentó.

En opinión del funcionario, “los niveles absolutos de hambre y pobreza son la cuestión más apremiante a la hora de abordar la desigualdad”.

El mundo tiene recursos para dar de comer a todas las personas, “la causa principal del hambre es un acceso insuficiente a los alimentos, más que una producción insuficiente”, sostuvo el representante de la FAO.

No solo la malnutrición limita la evolución física e intelectual de los pequeños, según la Unicef más de 86,7 millones, menores de siete años de edad, han pasado toda su vida en una localidad asediada por conflictos, lo que representa un riesgo para el desarrollo de su cerebro.

Los menores en tales circunstancias están expuestos a situaciones de estrés tóxico, un estado que inhibe la conexión de las células del cerebro, cuyas repercusiones afectarán el desarrollo cognoscitivo, social y físico para el resto de su vida, subrayó el reporte.

Además de las amenazas físicas inmediatas, corren “el riesgo de sufrir secuelas emocionales enraizadas en lo más profundo de ellos mismos”, expuso la responsable de Unicef para el desarrollo de la primera infancia, Pia Britto.

Entre los estudios específicos vale mencionar el informe, “La infancia en tiempos de guerra: ¿Los niños de Colombia conocerán por fin la paz?” El documento asegura que solo de 2013 a 2015, más de 230 mil menores resultaron desplazados en esa nación suramericana, al menos 75 murieron y otros 180 sufrieron heridas a causa de la confrontación bélica.

“El desplazamiento forzoso, la inseguridad, el temor al reclutamiento, la amenaza de la violencia social y la presencia de minas antipersonales” provocan que muchos niños abandonen la escuela en Colombia, planteó el texto.

Al decir del Fondo de Poblacio�ün de las Naciones Unidas, en ese país “la crisis humanitaria tiene doble afectación: el prolongado conflicto y la fragilidad frente a los desastres naturales”.

Cifras de Unicef precisan que, en todo el mundo, uno de cada 11 infantes de seis años de edad o menos ha pasado la etapa más importante para el desarrollo de su cerebro, dentro de una situación de conflicto.

Un niño nace con 223 millones de neuronas activas, pero para que el cerebro alcance su plena capacidad de funcionamiento en la edad adulta, con alrededor de mil millones de neuronas capaces de conectarse entre ellas mismas, es muy importante el desarrollo en la primera infancia, recordó la agencia.

También la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ofreció recientemente datos actualizados sobre la precariedad de millones de infantes , al presentar las “Perspectivas sociales y del empleo en el mundo. Tendencias 2016”.

Unos 168 millones de niños de cinco a 17 años de edad son víctimas del trabajo infantil, lo que representa el 10,6 por ciento de la población en ese grupo de edades, lamentó la OIT.

Dentro del total expuesto, unos 85,3 millones realizan faenas peligrosas, lo que supone el 5,4 por ciento de los niños en dicho grupo de edades.

De manera general las tasas de trabajo infantil son ligeramente superiores para los varones en comparación con las niñas (50,7 por ciento y 49,3 por ciento del total, respectivamente), agregó la fuente.

Sin embargo, es probable que la participación de ellas este subestimada, debido a la deficiencia de datos relativos a tareas domésticas, ocupaciones particularmente peligrosas y otras formas menos visibles de trabajo, aclaró la investigación.

Para la OIT “la prevalencia generalizada del trabajo forzoso, de la trata de personas y del trabajo infantil dificulta la posibilidad de un trabajo decente para todos, incluso para las generaciones futuras”.

Ni en países industrializados millones de niños tienen hoy esperanzas de una mejor vida, pues las iniquidades económicas y sociales tienden a agravarse: lamentable conclusión avalada por múltiples organismos internacionales.

*Periodista de la redacción de Economía de Prensa latina

rc/mjm

 

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